STAR WARS Y “EL ASCENSO DE SKYWALKER”

saga star wars

Por: Martín Imer

El 25 de mayo de 1977 las salas de cine de Estados Unidos proyectaron por primera vez la cinta que daría comienzo a una de las sagas más importantes y taquilleras del cine. La guerra de las galaxias rompió con todos los récords del momento, algo que tomó por sorpresa a todos los involucrados y especialmente a su director, George Lucas, quien de hecho ni siquiera estaba en el país durante ese fin de semana inicial. Es sorprendente ver como película a película la base de fans va haciéndose más grande, abarcando toda edad y género, volviéndose más popular y sin mostrar demasiadas señales de desgaste gracias a la constante renovación de los contenidos, ya que Star wars no está únicamente compuesta por las películas. Lucasfilm ha logrado crear una auténtica máquina de hacer productos en forma de libros, series, dibujos animados, comics, videojuegos, juguetes…

EL COMIENZO

Es obvio que ahora nadie se cuestiona el poder de convocatoria de un nuevo film de la franquicia, aunque en el ’77 las cosas eran muy distintas. Lucas era un treintañero con un éxito bajo el brazo (American graffiti, la que hasta el día de hoy es su mejor película) pero un gran fracaso previo: THX 1138, proyecto de ciencia ficción que a pesar de su bajo presupuesto se esperaba que tuviera un público. Leyendo la profunda biografía que escribió Brian Jay Jones sobre el cineasta uno puede entender el origen de esos dos primeros films y sobre todo el por qué son tan distintos. La ópera prima era una declaración de intenciones: un joven salido de la universidad dispuesto a revolucionar el panorama local con un producto personalísimo y ultra cerrado, críptico, en total sintonía con los cortometrajes que realizara años atrás para sus profesores y compañeros de clase. La decepción fue grande ya que la crítica había recibido de forma entusiasta el film e incluso logró (gracias a su amigo Francis Ford Coppola) que fuera distribuido por una empresa importante como la Warner Bros. pero ni eso fue suficiente para que el público se interesara. Luego de esto, y tras años de recibir burlas y críticas por hacer cosas tan rebuscadas y de nicho, Lucas se hartó y según su biógrafo se propuso el demostrarle tanto a su esposa del momento como a sus amigos que podía hacer una película “normal”, hurgando en los recuerdos de su infancia para llegar a la mencionada American… la cual efectivamente conectó de entrada con el público mostrando algo que el director no había mostrado antes: humanidad en los personajes, ternura en el retrato de sus aventuras y enorme respeto por los lugares retratados. La experiencia de ambas parece haberse fusionado en lo que terminó siendo su película más importante.

star wars

No estuvo exenta de problemas: de hecho, toda la producción fue un desastre que dejó a Lucas al borde de la muerte. Todos auguraban lo peor viendo como avanzaba el rodaje y siguieron creyéndolo hasta el día previo de al estreno de la película, razón por la cual el cineasta se fue del país, escapando así de su responsabilidad cuando nadie fuera al cine. Fue en Hawai que se enteró que la gente hacía largas colas tanto para comprar entradas como para asegurarse el mejor asiento en las salas, disfrutaban enormemente de lo que sucedía en la pantalla y luego recomendaban la experiencia a todos sus conocidos, lo que obviamente resultó una enorme sorpresa. ¿Que tenía ese film, hecho con tantas dificultades y poca fe, para atraer a las masas? Se trata de una historia simple, inspirada en los cuentos de samuráis japoneses, algo de western y mucho de ficción comiquera (especialmente Valerian y Laureline) relatando las aventuras de Luke Skywalker, un chico común y corriente que un día descubre en uno de sus robots el pedido de auxilio de una princesa a punto de ser atrapada por las fuerzas del Imperio, comandadas por el temible Darth Vader. Gracias a eso comienza a conocer más sobre su propio pasado, ya que no es un simple granjero sino que es el hijo de uno de los guerreros Jedi más importantes de todos los tiempos. Ahí se comienza a complicar un poco más, ya que hay que ponerse a explicar un montón de nuevos conceptos para los espectadores: los Jedi, la Fuerza, el lado oscuro y el de la luz, los rebeldes…

¿Qué hizo Lucas? No lo explicó. O mejor dicho: lo explicó pero de una forma algo vaga, dejando que cada espectador termine de crear en su cabeza la respuesta que más le sirva, presentando conceptos bastante místicos y rebuscados pero sin detenerse demasiado en ellos sino tomándolos como algo normal, obligando al público a que tampoco se detenga a pensar sino que avance con la acción entendiendo sobre la marcha. Si realmente el cineasta lo pensó así o es producto de su conocido odio por escribir libretos no hay forma de saberlo, pero hay que decir que es una jugada magistral ya que nos presenta un mundo nuevo y fascinante a la vez que explica lo justo, evitando así el tedio de tener que ir deteniendo la trama cada dos minutos para dejar bien en claro lo que sucede en pantalla. Tampoco es que se trate de algo muy complicado, lo que de hecho es otro hallazgo de Lucas: nos transporta a un lugar que de entrada se presenta como diferente y lejano pero propone reglas muy sencillas, permitiendo que cualquiera pudiera entender de que iba la cosa en líneas generales. Por último, se destaca también la imaginación visual de todo el asunto, ya que es increíble como el vestuario o los accesorios que lleva un personaje logran definirlo en el segundo, además de crear un montón de símbolos que quedarían grabados en la cultura popular luego del estreno: la máscara de Vader, las espadas laser, los entrañables robots C-3PO y R2D2 (conocido coloquialmente como Arturito para los hispanoparlantes), la nave de Han Solo y muchos más. Todo eso, sumado al talento de los actores y la habilidad del director para saber mantener constantemente el ritmo de la aventura resultó ser la fórmula del éxito, agotando funciones mundialmente y creando desde ahí una legión de fanáticos hambrientos de más.

En ese momento seguramente a Lucas se le prendió la lamparita de la oportunidad. Vio que había un negocio seguro, que podía darle mucho dinero y poder en Hollywood, y a partir de ahí se subió totalmente al tren Star wars aunque en las próximas dos películas no ejerciera de director. Por supuesto que para alguien tan controlador el título o la ausencia de él no significaba nada y seguía al mando aunque para la secuela, titulada El imperio contraataca, contrato al director Irvin Kershner el cual se hizo respetar en el set. También existió en esta continuación un cambio fundamental: ahora, en los icónicos títulos iniciales, se leía antes del subtítulo “Episodio 5” confundiendo a toda la platea que en realidad veía esto como una segunda parte. Eventualmente todo cobró cierto sentido cuando salieron las precuelas (y se alteró el título de la primera para que llevara el número 4) pero en ese momento parecía ser una simple marcianada más del ahora productor. Para quien escribe esta es la mejor de todas las cintas de la saga: un producto mucho más oscuro en tono, maduro y constantemente sorprendente, que lleva el material a nuevos territorios sin perder la esencia aventurera, ya que también es altamente entretenida. Esta secuela es exitosa ya que aparecen por primera vez varios de los personajes más icónicos de esta historia como Yoda, El Emperador, Lando Calrissian y Boba Fett, además de presentar escenarios totalmente nuevos e interconectar aún más a los protagonistas (ya está totalmente quemado el giro de que Vader es el padre de Luke…) y si bien inicialmente fue algo criticada por presentar más violencia que la anterior eventualmente ha sido aceptada por todos los fans.

La historia llegó a su (primer) fin en 1983 con El retorno del Jedi, film que era recibido con muchísima expectativa por el público luego de que el anterior terminara en un brutal cliffhanger. Con un director más servicial al mando como Richard Marquand Lucas pudo estar en absoluto control de la obra, mostrando en el producto final que su interés ya no estaba tanto en el cine sino en vender merchandising. Es cierto que la película funciona bastante bien como cierre a lo que veníamos viendo en las anteriores, e incluso el arco dramático de los tres personajes es redondeado de forma satisfactoria, pero el conjunto definitivamente no se siente de la misma forma. Para empezar, el tono vuelve a cambiar y se posiciona en un punto medio entre la ingenuidad de la primera parte y la oscuridad de la segunda, resultando algo irregular en la labor de unir ambos extremos. Durante el metraje se ven escenas de acción intensas combinadas con situaciones algo ridículas, lo que no ayuda a la hora de tomarla muy en serio. Eso podría entenderse, pero luego sigue el principal desacierto: la alevosa incorporación de personajes hechos con el único propósito de vender un juguete. Es rarísima la interacción entre – por ejemplo – Han Solo y un Ewok, y por eso mismo parece incluso una traición de parte del creador de este universo a sus fieles: lo que parecía un universo serio, con alguna pizca de extravagancia, resulto derivado hasta lo bizarro con el fin de presentar algo adorable que los niños quieran tener en sus casas. Sin resultar particularmente mala El retorno del Jedi dañó para siempre a Star wars ya que a partir de ahí siempre se la vio como un simple entretenimiento infantil.

REGRESO A SALAS

El retorno del Jedi parecía ser el final de esta historia: los villanos definitivamente derrotados, los héroes encontrando su final feliz, la galaxia entera en paz…. hasta que un día George Lucas (quien nunca más volvió a hacer algo no relacionado a la saga espacial) llegó con una idea: las precuelas. El cineasta regresó a la silla de director para encargarse de esta vuelta a la pantalla que se encargaría de contarnos el origen de todo lo que vimos en el – ahora – Episodio 4. Fue una decisión inicialmente acertada, ya que en vez de arriesgarse a presentar personajes totalmente nuevos simplemente veríamos la juventud de esos que en la trilogía original ya eran bastante ancianos. En 1999 los fans estaban eufóricos, ingresaron en hordas a las salas, se apagaron las luces, sonó la música…. y si bien en un primer momento muchos salieron entusiasmados eventualmente llegaron a la conclusión de que La amenaza fantasma es realmente muy mala. El asunto habla de un profundo fracaso artístico: la trama es exageradamente complicada, los actores están espantosos, hay demasiadas historias para seguir y la acción está tan mal balanceada que logra que el espectador se aburra al comienzo y luego salga totalmente agotado. Tiene algunos hallazgos visuales y personajes que eventualmente en otros productos de la saga fueron mejor explotados (el genial Darth Maul) pero todo quedaba eclipsado ante el peor problema de este film, uno que jamás había tenido esta franquicia: es realmente muy aburrida. Lucas, absolutamente prisionero de sus impulsos, decide combinar en la misma película política y aventuras (algo que en cierta forma también pasaba con la original, la cual tiene ciertos ecos de la guerra de Vietnam) pero con un resultado que cae en la infamia de entrada y jamás logra salir adelante.

STAR WARS LA AMENAZA FANTASMA

Las cosas mejoran un poco más en las otras dos. Los personajes principales (Obi-Wan, interpretado por el siempre efectivo Ewan McGregor, y Anakin, quien era un niño en la anterior y ahora es adulto, en la piel de Hayden Christensen) ya tienen un poco más de gracia y picardía, lo que hace más interesantes sus aventuras. El ataque de los clones vuelve a incurrir en el error de la sobrecarga de historias pero al menos son más interesantes, ya que se acercan a lo que todos queremos: la caída de Anakin al Lado Oscuro, el romance entre él y Padme (futuros padres de Luke y Leia, por supuesto) y la extinción de la Orden Jedi. La mayoría de los actores vuelven a estar mal (Natalie Portman jamás estuvo peor en la pantalla grande y la química con Christensen es inexistente) pero al menos desde la dirección se nota cierta autocontención, manteniendo todo más en orden y enfocado. Los fans seguían extrañando la época de grandeza aunque no por ello dejaban de ir al cine: el éxito seguía adelante sin importar la calidad de lo que se ponía en la pantalla. Sobre esta película creo que muchos piensan de forma similar: podría haber sido mejor… pero también podría haber sido mucho peor.

La opinión es mucho más positiva respecto a la tercera de las precuelas, la que sin dudas debe ser la mejor. La venganza de los Sith, estrenada en 2005, fue el segundo “final” para la franquicia en cines, uniendo definitivamente las dos trilogías con una despedida a pura acción y aventuras que corrige bastante de los problemas que estuvieron en las otras dos. La trama es muchísimo más sencilla, priorizando las peleas a las explicaciones, el ritmo es definitivamente más ágil y sencillamente se trata de un film que devuelve la diversión a la saga. La Orden Jedi descubre quien es el Sith infiltrado en el Senado mientras Anakin se vuelve definitivamente Darth Vader — teniendo que enfrentarse a Obi Wan en la que seguramente sea la pelea más épica de la saga. La venganza de los Sith es muy sencilla en estructura y por eso es la que más recuerda a las primeras además de volver a cierta oscuridad que se había esbozado en El ataque de los clones pero no se veía tan claramente en Star Wars desde El imperio contraataca. Sobre las precuelas se puede decir de todo e incluso han sido revalorizadas con los años (toda una generación que creció con ellas le tiene más aprecio que los que ya eran viejos fans o comienzan ahora a meterse en este mundo) pero hay un aspecto que sorprendentemente sigue siendo estupendo: los efectos especiales. Pasan los años pero los universos creados digitalmente se ven tan bien como cuando se estrenaron las películas, algo que es bastante difícil de lograr en un mercado que va evolucionando tan rápidamente.

CAMBIO DE DUEÑO

La franquicia siguió de forma discreta con el estreno de videojuegos y series animadas para televisión hasta que en 2012 una bomba sacudió todo el universo de Star wars: la marca fue comprada por Disney, con planes para sacar nuevas películas muy pronto, y en 2015 llegó el Episodio 7, llevando como subtítulo El despertar de la fuerza. Ambientada 30 años después de El regreso del Jedi conocemos a Rey, una recolectora de basura del planeta Jakku la cual parece ser una persona común y corriente con sueños de descubrir la galaxia. Un día conoce a Finn, un “stormtrooper” arrepentido que se encuentra huyendo de la malvada Nueva Orden (el nuevo Imperio), la cual es comandada por Kylo Ren. Ambos deben reunir al robot BB-8 con su dueño, el intrépido piloto de la Resistencia Poe Dameron, y en el camino se encontrarán con todos los queridos personajes de la trilogía original: Han Solo, Leia, C-3PO y R2D2, Chewbacca y otros. El lector puede adivinar que en realidad todo parece ser una suerte de remake de la original y de hecho en cierta forma lo es, agarrando todos los componentes que resultaron exitosos de aquella y mezclándolos con el imaginario visual del siempre interesante director J.J. Abrams. El factor nostálgico está claro que influye pero no es determinante, ya que la película logra pararse muy bien en sus propios pies y ofrecer un show lleno de acción y aventuras, que no traiciona el espíritu de la saga aunque tampoco se aleja demasiado. Justamente ese aspecto fue el más criticado por los que no disfrutaron este regreso, y para ellos parece haber sido hecho el Episodio 8…

star wars el despertar de la fuerza

¿Puede una película ser muy buena individualmente y a su vez fallida al verla como parte de una saga? Esa parece ser la pregunta principal que se hace el espectador con respecto a Los últimos Jedi, la más reciente producción de la trilogía hecha por Disney. De la misma manera que en la primera trilogía aquí se apuesta a un giro más oscuro y un entrenamiento: si antes Yoda enseñaba el camino Jedi a Luke, ahora es el aprendiz quien ejerce de profesor y le transmite a Rey toda la sabiduría de la milenaria Orden. La trama se abre más que en la anterior y los tres personajes principales tienen sus propios arcos — lugar del que sale la polémica entre fans. Sin dudas todos aplaudimos el regreso de Luke, la aparición fantasmal de Yoda y la curiosa relación creciente entre Rey y Kylo Ren pero ¿en serio era necesaria toda la subtrama de Finn, incluyendo una infame secuencia en un casino espacial? ¿No podía haberse hecho más con lo referente a la nave rebelde, la cual está varada en el espacio por la gran mayoría del metraje? Las desviaciones en el camino hacen que el film se sienta más como la obra de su autor (Rian Johnson, incapaz de renunciar a su estilo) antes que un capítulo más en la saga, lo cual no es particularmente negativo pero desentona con el resto a pesar de tener una de las mejores peleas de la franquicia en el cine.

Entre medio de los dos episodios Disney nos trajo precuelas que pretendían llenar el vacío entre película y película y mantener a los fans enganchados con la saga, algo que no termino de llenar las expectativas comerciales del estudio e incluso les trajo varios dolores de cabeza en la parte de la producción, incluyendo varios directores despedidos y costosos reshoots. Primero nos llegó Rogue One la cual tomó un estilo diferente para contar la historia de un equipo clandestino que roba los planos de la Estrella de la Muerte (central del Imperio) para llevarlos a la base rebelde y planear el asalto que eventualmente vemos desarrollándose en el Episodio 4, y luego vimos Han Solo que, como el título indica, se centraba en las aventuras del piloto antes de conocer a los personajes que terminarían cambiando su vida. Ambas eran aventuras muy correctas y entretenidas, con tonos muy distintos (la primera es bastante seria y oscura mientras la segunda es alocada e irreverente) y actores de primer nivel, además del ya habitual gran nivel visual y sonoro, pero no lograron conectar del todo con el público obligando a la productora a abandonar los planes de realizar más e incluso retrasar un poco lo que este fin de semana al fin llega a las salas.

UNA DESPEDIDA PARA FANS

Si desean, pueden pensar en todo lo anterior como una suerte de introducción a lo que significa el estreno de esta semana, el cual promete arrasar con la taquilla. Se trata del tercer final de la historia de los Skywalker en el cine: un asumido melodrama familiar inteligentemente envuelto en una trama de acción espacial que atrapó a grandes y chicos por generaciones. Con la vuelta de Abrams a la dirección las cosas prometen volver al estilo más clásico de la saga, a diferencia del cambio de rumbo hacia un lugar más oscuro (y ciertamente caprichoso) que entregó Johnson. Sin embargo no todo es tan fácil para J.J. ya que debe ser el encargado de cerrar – de forma apropiada – una trama de larga historia y bajo la mirada atenta de todos los fans, los cuales no tienen problema en destrozar algo que no les gusta…

2019 STAR WARS - EL ASCENSO DE SKYWALKER (J.J. Abrams)

Efectivamente la promesa se cumple, siendo El ascenso de Skywalker un regreso absoluto al estilo de Episodio 7, presentando una trama con mayor hincapié en la aventura y la acción, haciendo que efectivamente se sienta como una auténtica producción de esta saga. Abrams es un director que en todos sus films se ha guiado por la intuición, tomando franquicias viejas y queridas y llevándolas por un camino que, según él, va resultar satisfactorio para el fan. Lo hizo en El despertar de la fuerza, combinando con astucia la aventura moderna con una fuerte dosis de nostalgia y lo repite aquí, aunque sus formas son tal vez más directas en esta oportunidad que en sus anteriores films, algo que se nota de entrada: tanto en la repetición de lugares y guiños visuales a fans como en el interés sostenido por mantener a las viejas figuras de las anteriores trilogías en pantalla (como sea) este episodio pretende dejar en claro que se sostendrá en la mitología como nunca antes, renunciando a la universalidad que tenían las dos anteriores en pos de crear un final que apele a la emoción de los seguidores y de esa forma maquille los eventuales errores — algo que en su mayoría lo consigue.

El problema principal que existe en El ascenso de Skywalker no tiene tanto que ver con esta película en sí sino con la planificación general de esta nueva trilogía. Según apreciamos en los últimos años, la estrategia de Disney con respecto a sus sagas consiste en presentar una primera parte que se encargue de dejar varias líneas sueltas para eventualmente ir volviendo a ellas levemente y así enganchar al espectador durante mucho tiempo. Con Star wars hicieron lo mismo, presentando a dos protagonistas (Rey y Kylo Ren) muy misteriosos: con él develaron todo en la primera película, algo que sirvió de golpe emocional y atractivo como arco de personaje, pero con ella decidieron esperar para mantener a los fans enganchados, algo que se suponía se resolvería en Los últimos Jedi… y de hecho, no pasó, enojando a muchísimos espectadores que no tuvieron dificultad alguna para salir a destrozar el film en redes sociales. Ahí radica el asunto: por algún motivo extraño la anterior cinta decidió no revelar ningún detalle sustancioso sobre su protagonista, dejando todo en los hombros de la futura continuación. Episodio 9 efectivamente contesta todas las preguntas pero se ve algo sobrecargada en su primera mitad, iniciando de forma abrupta y revelando un montón de detalles que podrían haber sido más impactantes de haber tenido más tiempo para desarrollarlos. Afortunadamente la habilidad detrás del volante de un blockbuster que tiene J.J. sirve para salvar el día y hacer que incluso esa extraña hora y algo inicial termine encarrilándose, volviéndose bastante más dinámica y calmada en su rumbo al clímax, el cual es de lo mejor que ha dado la saga en mucho tiempo.

El libreto de El ascenso… también tenía un trabajo difícil: no sólo se trataba de cerrar la historia sino que también había que seguir desarrollando los vínculos entre los protagonistas, algo que en la anterior tampoco había sucedido ya que Johnson separó al trío principal sin dar la oportunidad de que desarrollen una genuina relación como la que tenían Luke, Han y Leia. En una de esas decisiones polémicas (al menos para todo aquel que haya disfrutado con Los últimos Jedi) Abrams y el co guionista Chris Terrio deciden casi ignorar en su totalidad los eventos de la mencionada, retratando una amistad cómplice entre los jóvenes que también ayuda a que el fan se sienta más “en casa” aunque con un costo: se mutilan las líneas individuales tanto de Poe como de Finn, esbozando algún interés romántico para el primero y recortando todo el vínculo del segundo con la injustamente odiada por los fans Rose Tico.

De hecho, ese es otro componente clave de esta continuación: luego de la gran queja de los fans respecto a los acontecimientos vistos en Episodio 8 aquí se intenta hacer borrón y cuenta nueva yendo por todos los lugares que la anterior quiso evitar. Mientras allí se intentaba presentar un producto más pausado y con ramificaciones trágicas aquí todo va por los rieles de la acción acelerada y la alegría sin muchas consideraciones adicionales, acelerando el ritmo y presentando una mayor dosis de humor además de aportar un componente ausente en esta nueva administración y fundamental en los tiempos de George Lucas: el melodrama. A partir de la segunda mitad el film va girando hacia lo emocional, abrazando finalmente toda la extensión de lo que significa ser una space opera con sus pequeños momentos de locura, romance y exceso que entusiasmó al fan en primer lugar.

Un gran acierto que tuvo desde un principio Disney fue preocuparse por la parte actoral, algo que nunca pareció importarle demasiado a Lucas. Todos los actores jóvenes son sólidos y reman todo lo que les presenta el libreto: Oscar Isaacs se maneja con gran carisma, John Boyega apela a la simpatía con un show de expresiones faciales, Daisy Ridley tiene lo justo de fragilidad y fuerza interna y Adam Driver, como siempre, se roba el show, especialmente teniendo en cuenta la dificultad del rol. Todo el arco dramático de Kylo Ren/Ben Solo se acelera muchísimo aquí, obligando al actor a ser mucho menos sutil que en otras veces aunque sabe sortearlo bien gracias a su enorme talento y lo bien que supo manejar el papel en las otras partes. También nos encontramos con el regreso de Ian McDiarmid como el Emperador Palpatine, el cual como siempre es un show aparte ya que es evidente lo mucho que el intérprete disfruta con el personaje y sus delirios de poder.

No hay dudas que Star wars – el ascenso de Skywalker se hizo pensando en los fans, algo que es tanto una virtud como una debilidad. Por un lado, es un buen blockbuster que entrega – a pesar de sus defectos – lo que el espectador le pide (un show de aventuras repleto de estupendos efectos especiales) aunque por el otro también se nota un cierto miedo al riesgo que justamente no estaba para nada presente en la película previa. Su público objetivo no va tener problemas con esto, ya que el equipo sabe, en la hora final, entregar una conclusión correcta y satisfactoria, que une las tres trilogías de una forma respetuosa y hasta emocional. El tiempo dirá si definitivamente este es el adiós para los Skywalker, pero de algo estamos seguros: no pasará mucho hasta que volvamos a ver en la pantalla grande un nuevo producto de una de las sagas más taquilleras del cine.

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