“1917”

2019 1917 (Sam Mendes)

Por: Martín Imer

Reconozco haber ido a ver 1917 con bastante expectativa, incluso podría decir confianza. No es que el tema guerra me genere particular interés (aunque suelo seguir este tipo de películas con atención) pero el nombre de su principal responsable me trae muy buenos recuerdos cinematográficos. Y es que hay que decirlo: Sam Mendes es un gran director, cameleónico en sus decisiones pero dueño de un inmenso talento que le hace salir bien parado (casi) siempre. Tiene algunos títulos maravillosos como Belleza americana, Sólo un sueño y Operación Skyfall, el noir Camino a la perdición, y si eso no habla del constante desafío que se propone el britanico con cada nuevo trabajo hay que ver otras producciones menores pero igual de distintas y valiosas, como El mejor lugar del mundo, comedia dramática con los rendidores John Krasinski y Maya Rudolph.

La expectativa solo creció cuando nos enteramos de algunos detalles sobre el proyecto, como que estaba siendo filmada de forma tal que se asemejara a un plano secuencia y que su fotografo era Roger Deakins, quien tiene en su portfolio películas del calibre de Sin lugar para los débiles y Blade Runner 2049. Luego de una buena carrera de premios y aún en espera de cómo le irá en los Oscar nos llega a salas la historia de dos soldados, Schofield y Blake, durante la Primera Guerra Mundial, los cuales reciben una misión casi suicida: llevar una carta a un Batallón lejano advirtiendo que el ataque que preparan contra los alemanes es una trampa, ya que estos solo fingieron retirarse. Los dos jóvenes emprenden viaje por territorio desconocido (son británicos y están en Francia) y deben sortear toda clase de dificultades a su vez que tienen las horas contadas, ya que el ataque está previsto para la mañana siguiente…

Como decía anteriormente, no me enloquecen las películas bélicas aunque reconozco que cada vez nos llegan menos a salas, siendo algunas realmente buenas como Dunkerque, película con la que 1917 comparte algunas virtudes como por ejemplo la estupenda recreación de época (allí la soledad de las casas y la playa, aquí las zonas destrozadas y las trincheras sucias) y el ritmo frenético, tal vez incluso más presente en esta oportunidad. El film nos mete en la piel de sus protagonistas poniendo la cámara cerca de ellos e impidiendo que el espectador conozca más detalles sobre lo que les espera, develando la información justa en el momento necesario y apostando por la continua sorpresa, el sobresalto y la angustia. Es cierto que la trama es pequeña, pero Mendes logra que eso no importe demasiado e incluso lo usa a su favor, manteniendo las cosas simples: si los protagonistas deben llegar del punto A al B, el director rquesta de siniestro titiritero, poniendo todo tipo de piedras en el camino en orden de hacer el viaje mucho más interesante para el que lo mira, además de generar una constante tensión con la imaginación de las situaciones y el movimiento de la cámara.

Y hablando sobre todo lo referente a la cámara, es innegable que la película no sería lo que es sin la ayuda invaluable de Deakins, uno de los mejores directores de fotografía de la actualidad. Lo que hace aquí es envidiable e impactante, presentando una imagen viva y llena de colores que sigue a los personajes correr, saltar, esconderse e ir de la luz a la oscuridad sin presentar ninguna desprolijidad notoria y manteniendo siempre el enfoque y la preciosidad de los encuadres. Se trata de un trabajo de gran preparación, profunda inteligencia y gran comunicación entre director y fotógrafo, ya que incluso cuando el falso plano secuencia se quiebra en un inesperado corte a negro uno entiende que es también una decisión narrativa necesaria, la cual resalta una idea fundamental: la técnica tiene que estar aplicada al fin y no ser el fin.

Se ha criticado también la técnica ya que para muchos le otorga al film en general una fórmula de videojuego, tanto en estética como en narrativa. No creo que sea así, ya que si bien el libreto ofrece varios momentos imposibles o muy convenientes también entrega situaciones altamente dramáticas, bien ejecutadas por sus dos actores principales los cuales deben cargar con el peso emocional del film. El guion de Mendes y Krysty Wilson-Cairns (el cual debe tener un significado especialmente importante para el director ya que está inspirado en viejas historias que le contó su abuelo) es particularmente interesante en el abordaje de los personajes centrales, los cuales entienden lo necesario de la misión pero también sufren conflictos internos, levemente esbozados pero importantes. No es una sorpresa, ya que si uno hace memoria también ocurría algo similar en Soldado anonimo – también de Mendes – , la cual retrataba el infierno mental por el que pasaban los soldados durante la guerra, la pérdida de la sanidad ante un entorno que estimula el costado más salvaje del ser humano. Tanto esa como 1917 son dos estimulantes y potentes alegatos antibelicistas, que escapan de lo convencional y sobre todo del mensaje patriotero y barato que suele verse en los peores ejemplos de este estilo de producciones.

1917 (2019, Reino Unido/EE.UU) Dirección: Sam Mendes. Guion: Sam Mendes, Krysty Wilson-Cairns. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Lee Smith. Música: Thomas Newman. Con George MacKay, Dean-Charles Chapman, Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch.

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