“GREENER GRASS” Lo que está debajo de la perfección

2019 GREENER GRASS

Por: Martín Imer

En medio de toda la crisis global que afecta a la industria cinematográfica nos enteramos de algunas soluciones impensadas hace unos meses pero que ahora se vuelven necesarias para poder seguir adelante. La distribuidora local Buen Cine, encargada de traer una importante parte del cine independiente a las salas uruguayas, anunció hace unas pocas semanas que en su sitio web ahora también podría disfrutarse de los estrenos que, debido a lo que ya todos sabemos, no pudieron llegar a darse, además de otros films que también están incluídos en la propuesta. El sistema de VOD ya es bastante conocido, por lo que el espectador que desee ingresar y conocer el catálogo no tendrá dificultad para rentar la cinta que le llame la atención. En un mercado que cada vez se hace más grande y competitivo como el de los sitios de streaming la llegada de esta página web diversifica la oferta y ayuda además a mantener a flote la dificil tarea de traer cine independiente a nuestro país.

Una de las películas que estrena la distribuidora por este nuevo medio virtual es la estadounidense Greener grass, producción que el año pasado tuvo su debut en el Festival de Sundance. Resulta complicado hablar de este film ya que lo que importa aquí no es la trama en particular sino su premisa, su tono, sus inquietantes imágenes. Conocemos una comunidad de apariencia perfecta, en donde todos intentan verse bien, casi como muñecos. Obedecen a las mismas modas y siguen las mismas rutinas, se cuentan todo y existe tanta solidaridad entre ellos que no dudan siquiera en regalar a sus propios hijos para que no exista alguien triste o envidioso. Todos los adultos usan brackets y parecen estar en una buena posición económica, mientras que los niños oscilan entre la rebeldía total o el apego a sus padres. El mundo parece ideal… hasta que una mujer comienza a sentirse cada vez más y más presionada dentro de esas paredes, obligada a seguir las costumbres sociales pero viendo como su vida se desmorona sin tener siquiera algo para decir al respecto. Y para peor, un asesino psicópata anda rondando el vecindario, aparentemente obsesionado con ella.

El lector ya habrá adivinado que estamos ante una comedia absurda, y es aconsejable tenerlo bien presente ya que este film requiere que uno entre en su universo con cierta complicidad. No existen reglas que se mantengan a lo largo del metraje y todo cambia de manera brusca, pero es parte del juego propuesto por Jocelyn DeBoer y Dawn Luebbe, quienes no solo debutan en la dirección sino que además ejercen aquí de escritoras, productoras ejecutivas y protagonistas. Este desafío está bien abordado por la dupla, ya que demuestran una enorme imaginación para crear un libreto bizarro, una timing apropiado para la comedia y una mano hábil para ejecutar esas ideas, además de ser capaces de lograr un sorprendente tono entre lo cómico y lo tenebroso, ya que la atmósfera en general es bastante tétrica y debajo de tanta alegría se ocultan cosas bastante oscuras.

Y es que Greener grass podría tomarse como una versión, en el mundo real, de lo que significan realmente las redes sociales, mostrándonos un pueblo con tendencia al chisme y a la crueldad, la constante competencia, la necesidad de mostrarse de cualquier forma y sentirse bien ante el hecho de que los demás estén pendientes, la falsedad absoluta y el empeño por maquillar las miserias, minimizarlas y pretender que no existen. Se fusionan varias realidades que se alimentan a sí mismas, como por ejemplo el mundo perfecto que se crea en las redes, la sobreexigencia que imponen los padres a sus hijos con tal de que sean siempre los mejores en la clase y a su vez la constante sobreprotección — aunque no solo en los niños sino también en muchos adultos, absortos en una burbuja que no pueden (ni quieren) estallar. En las grietas de esa mentira se deja ver lo que realmente ocurre y estos personajes parecen incapaces de afrontar: que el mundo es imperfecto, muchas veces crudo y el ser humano también lo es, y tapar este hecho es negar lo que en definitiva nos hace individuos además de forzarnos todo el tiempo a fingir una felicidad o preocupación hacia el resto muchas veces inexistente o exagerada.

El mensaje llega a través de un lenguaje que a veces es brutal y aterrador, pero que logra siempre hacer reír. Una cita en el poster oficial la compara con Wet hot american summer, otra genial comedia absurda que transcurría en un campamento juvenil y en donde tanto los eventos más inocentes como los más grotescos se mostraban bajo un filtro nostálgico, potenciando el humor y haciendo más marcada la parodia a las películas adolescentes. Aquí – de manera similar a Polyester de John Waters, realizador que debe haber inspirado mucho a la dupla, o Terciopelo azul de David Lynch, aunque no sea cómica – la estética sirve para descolocar y en este caso también hacer más efectiva la comedia, poniendo situaciones descabelladas dentro de un entorno lleno de color y prolijidad visual, algo en lo que además colabora la cuidada fotografía. Ese mundo que aparece en pantalla, de la misma forma que el virtual, no existe, y si lo hiciera eventualmente también querríamos escapar de él. Es bueno recordar eso, y más aún si el recordatorio viene en forma de un producto tan entretenido, con claro futuro como “film de culto”.

GREENER GRASS (EE.UU, 2019) Guion y dirección: Jocelyn DeBoer, Dawn Luebbe. Fotografía: Lowell A. Meyer. Música: Samuel Nobles. Montaje: Taylor Gianotas. Con Jocelyn DeBoer, Dawn Luebbe, Beck Bennett, Neil Casey, Mary Holland, Julian Hilliard.

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