“ANIARA”: SOLEDAD EN EL ESPACIO

2018 ANIARA (Hugo Lilja, Pella Kagerman)

Por: Martín Imer

Es muy curioso como la forma de ver una película cambia según la situación en la que nos encontremos al momento del visionado. Esta película sueca fue estrenada originalmente en el último Festival de Cinemateca realizado el año pasado, y a pesar de que no pasó mucho tiempo es innegable que aquella realidad es muy distinta a la que vivimos ahora. Cinemateca vuelve a abrir sus salas con este estreno, pero con un aforo limitado y una única función por día para evitar la aglomeración de gente, muy distinto a épocas de festival en donde es casi costumbre encontrarse con conocidos en el hall y quedarse a conversar. Traigo este detalle al presente ya que realmente es curioso como una película que en ese momento podía pasar desapercibida hoy toma otra dimensión: también es una historia de gente que debe adaptarse a nuevas normalidades debido a un hecho incontrolable, aunque (por nuestro bien) uno espera que haya una resolución más feliz en el mundo real.

Aniara nos sitúa en un futuro en el cual la vida sobre la Tierra es inviable debido a los crecientes desastres naturales, obligando a la humanidad a mudarse a Marte. El título hace referencia al nombre de una importante nave que lleva a los humanos en el recorrido Tierra-Marte y lo hace en un tiempo calculado de tres semanas, como si fuera un barco. Sin embargo, en uno de esos viajes el Aniara choca por accidente con chatarra espacial y queda sin combustible, desviándose del curso original. El miedo comienza a extenderse entre los pasajeros a pesar de que el capitán afirma que volverán a estar en ruta a Marte “en dos años” y se refugian en una curiosa sala de la nave en donde se encuentra una máquina que permite que los individuos puedan ver de forma vívida sus recuerdos del pasado. Los espectadores seguimos a la encargada del mantenimiento de esa sala, una mujer cuya vida comienza a complicarse cuando la máquina se autodestruye luego de tener que visualizar las pesadillescas imágenes que salen de la mente de los pasajeros, los cuales ante la angustia recuerdan sus peores momentos en nuestro planeta.

La película sigue el camino de la ciencia ficción sin espectacularidades, manteniendo el foco fijo en la psiquis humana y la pequeñez del ser ante el enorme vacío del espacio en vez de apostar por la típica aventura con delirios futuristas y exceso de efectos especiales, algo que ya han hecho los maestros del cine (para bien o para mal Solaris y 2001 – odisea del espacio son piezas fundamentales de este estilo) y sigue en la actualidad, con High life y Ad astra – hacia las estrellas como ejemplos más reciente. Aquí se toma a la protagonista – apropiadamente desprovista de características muy fuertes para que el público se identifique con facilidad con ella – como el único objeto invariable dentro de un entorno totalmente cambiante, de forma que quede expuesto con claridad lo que quieren mostrar los directores, la creciente agresividad o desprecio que va existiendo entre los humanos a medida que comprenden que no existirá una solución al problema en el que se encuentran. El panorama y la idea son deprimentes, ya que esa visión de los seres humanos no solo es triste de ver sino que tiene mucho de realista, lo que queda confirmado por nuestra situación actual: el mundo ha cambiado pero las diferencias que teníamos antes del confinamiento están iguales o incluso más presentes que nunca, además de que la pandemia ha contribuido al deterioro emocional de la población. El sentimiento de profunda tristeza y resignación puede entenderse y logra impactar al espectador.

Es una lástima que la cinta no pueda sostener la fuerza y el buen ritmo presentes en la primera mitad, ya que a medida que se vuelve más deprimente también va perdiendo el rumbo y presentando algunas situaciones que ya se han visto en otros films del estilo. Puede ser una consecuencia directa de la resolución del conflicto, que no podía darse de otra manera, pero la realidad es que en los minutos finales la narración directamente se detiene y luego de un evento terrible los espectadores quedamos varados en el espacio de la misma manera que los personajes. El conjunto de todas formas tiene valores muy rescatables como la inquietante e inmersiva banda sonora, un diseño de producción que logra que esa nave del futuro se sienta realista (y cercana) y un par de actuaciones realmente buenas, que consiguen retratar las distintas formas de lidiar con una terrible realidad, la resignación por un lado y el intento de seguir adelante “de la mejor forma posible” por el otro.

ANIARA (Suecia/Dinamarca/EE.UU, 2018) Guion y dirección: Pella Kagerman, Hugo Lilja. Fotografía: Sophie Winqvist. Música: Alexander Berg. Montaje: Pella Kagerman, Björn Kessler, Michal Leszczylowski. Con Emelie Garbers, Bianca Cruzeiro, Arvin Kananian, Anneli Martini, Emma Broomé.

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