ENTREVISTA A GABRIELA GUILLERMO E IRINA RAFFO, DIRECTORAS DE «HISTORIAS DE VERANO»

Gabriela Guillermo (izq.) e Irina Raffo (der.)

Por: Martín Imer

Este jueves llega a salas de Uruguay Historias de verano, primer estreno nacional del 2021. La película, que ya tuvo su preestreno en el último Festival de Cinemateca, es una observación intimista de varias historias de amor que van experimentando los protagonistas durante el mismo verano; algunas casuales, otras con larga historia previa, y otras que incluso van surgiendo entre personajes de distintos cuentos. Un proyecto personal para las directoras, Gabriela Guillermo e Irina Raffo, que impacta incluso sin querer, al permitirnos ver un pasado muy cercano pero que a su vez hoy se ve casi irreal: un verano en donde podemos acercarnos al otro sin ningún tipo de miedo. Sobre eso y otros temas hablamos con ambas realizadoras, las cuales muy amablemente contestaron nuestras preguntas.

¿Cómo surge este proyecto? Viendo que se basa en historias reales de los actores, podríamos asumir que se trata de un trabajo de mucha colaboración.

GG: Sí, exactamente. Este proyecto surge porque tanto Irina como yo somos amantes del cine de Eric Rohmer, autor de – entre otros films – los cuentos de las 4 estaciones. La historia fue así: yo posteaba en Facebook fotografías del balneario Playa Verde y a Irina le parecían muy similares a las locaciones donde fue filmada Cuentos de Verano del autor francés. Entonces le propuse hacer allí una película en homenaje a él, una especie de Cuentos de Verano a la uruguaya. ¡Enseguida nos pusimos de acuerdo! Y llamamos a un casting para estudiantes de actuación de 1er año del IAM (por las edades), instituto donde soy docente. Allí les proponíamos que durante el casting nos contaran una historia de amor de verano. Todos los actores y las actrices que se presentaron quedaron. Y así surgió el guion, de sus propias historias reales, siguiendo el homenaje a la propia modernidad de Rohmer – el más respetuoso de la realidad de los cineastas modernos.

IR: Trabajar con historias contadas por los propios actores y actrices es muy gratificante y sorprendente. Hay algo mágico en observar cómo algunos relatos mínimos y muy íntimos, que muchas veces quedan perdidos en la memoria, pueden adquirir una nueva dimensión en la pantalla. El trabajo colaborativo en este caso permitió transformar historias “reales” en relatos vivos.

¿Y cuánto tiempo llevó realizarlo, desde la producción hasta el final del rodaje?

GG: Eso que te contaba del casting fue en noviembre, en diciembre – entre las fiestas – lo filmamos, fueron 3 días y 2 noches de rodaje. Es que a Irina y a mí nos impulsan las ganas de filmar. Es un deseo, una pasión irrefrenable por hacer películas, lo que nos mueve.

IR: Fueron pocos días de rodaje, pero el trabajo fue intenso. Por la falta de tiempo y horas de filmación, la película exigió mucha concentración. El modo operativo, fue confiar plenamente en la intuición, en lo que veíamos y en lo que los actores y las actrices proponían. Ir hacia adelante, avanzar y seguir trabajando.

En una cinta de estas características, el naturalismo es algo crucial. ¿Les fue difícil guiar a los actores para lograr ese tipo de trabajo en pantalla?

GG: Para nada, fue muy fácil. La entrega de los actores a la propuesta fue absoluta. Al ya conocernos profundamente ellxs y yo, después de un año de clase, y saber de qué tipo de cine estábamos hablando y queríamos hacer, fluyó todo a la perfección. Ellxs son todxs maravillosxs.

IR: Lo más admirable es la capacidad de los actores y las actrices de la película de “estar y ser” frente a cámara. Dejarse llevar, confiar en sus historias y sus sensibilidad. Filmar en un tiempo acotado, teniendo en cuenta que no habrían segundas tomas, generó una entrega más absoluta y arriesgada. Estar totalmente en el presente de la filmación.

La película adquiere un significado único ya que relata historias que este verano, por el COVID-19, seguramente se vieron bloqueadas. ¿Piensan que, a futuro, seguirán existiendo historias de amor de verano o estamos ante un cambio radical de los vínculos?

GG: Pienso que siempre van a existir las historias de amor de verano. Aunque sean clandestinos, los encuentros siguen y seguirán existiendo. Y el verano es la estación propicia para que se den.

IR: Siento que los vínculos afectivos y amorosos, se imponen frente a las circunstancias. Tiene una capacidad adaptativa enorme, buscan sobrevivir, existir pese a todo.

Historias de verano es la primera de cuatro películas, en forma similar a las «cuatro estaciones» de Rohmer. ¿En qué estado de producción se encuentran? ¿Se puede adelantar algo sobre ellas?

GG: Ya tenemos rodadas y editadas Historia de Otoño e Historia de Invierno. Nos falta la postproducción de imagen y sonido de ambas películas. Otoño ocurre en Montevideo y se trata de una historia de amor entre dos mujeres de mediana edad. Invierno es una elegía de amor por el maestro, narra el vínculo discípula-maestro. En este caso el maestro es mi maestro: el cineasta francés André S. Labarthe. Tratamos de que cada estación fuera también una metáfora de la edad humana, por eso la franja etaria de los personajes de cada historia cambia según la estación que filmamos. Historia de primavera está en etapa de escritura de guion.

Además de (claramente) el cine de Éric Rohmer, al cual le rinden homenaje, y teniendo en cuenta que seguramente sea una película vista por un público joven, ¿qué otros artistas recomendarían en base a lo que las inspiró para hacer esta cinta?

GG: Recomiendo a los cineastas modernos, aquellos que creen que el cine tiene una misión sagrada:
la de develar algo de lo real. Recomiendo aquellas películas que no toman al espectador de la mano guiándolo hacia un mensaje evidente, una tesis explícita, sino que reposicionan al espectador frente a la realidad o frente a lo real. El cine como una ventana abierta sobre el mundo tal como es en sí mismo, sobre las cosas y los seres tal como son. Como Casavettes, Antonioni, Duras, Godard, Pasolini, Kiarostami, entre otrxs.

IR: Recomendaría que exploren la obra de Petrona Viera. Los paisajes de la pintora uruguaya fueron una gran inspiración para la filmación-y contemplación- de estas historias de verano.

La película tuvo su preestreno en el pasado Festival de Cinemateca, ¿cómo fue para ustedes esa experiencia?

GG: Muy emocionante. Ver nuestra película en esa sala maravillosa, ver por fin los paisajes y los rostros que fotografió Irina magistralmente, en pantalla grande, fue muy conmovedor.

IR: Cinemateca ha sido para mi un hogar. Un espacio de descubrimiento y goce. Proyectar nuestra película – que además es mi primer largometraje- en las nuevas salas de la vieja y querida Cinemateca, me dio una enorme felicidad.

¿Qué les gustaría que el público se llevase del cine luego de ver el film?
GG: La sensaciones del verano, la calidez de las primeras experiencias amorosas, la esperanza de ver cada atardecer el rayo verde.

IR: Las ganas de ver y sentir siempre un poco más. La convicción de poder entregarse al disfrute del verano, que muchas veces se relaciona con el tiempo de la pausa y el descanso. El verano como un refugio sensible y apacible.

¿Ya tiene salas confirmadas?

GG: Sí, en Montevideo, se estrena el 11 de febrero en Cinemateca y Sala B del Sodre. El 16 de marzo se hará una proyección en la Sala Zitarrosa. Y luego en marzo la película se exhibirá en salas del interior (Piriápolis, Minas, Nueva Helvecia, Salto, San José, Durazno, Artigas, Tacuarembó)

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